Tu vestido amarillo, esquivando el aire, apretado contra tus muslos.
Caminado en una playa infinita, andando en circulos. Con tu vestido amarillo, girando en torno a tí.
Te sientas a dejar que el mar, enfrie tus pies y tu corazón. Y en la lejania te observo, sin conocerte.
Pero tu vestido amarillo es perfecto, te hace volverme loco. Y vuelves al principio, retomas el sendero que tus pies, dejaron en la arena.
Miras las olas, te abrazas a ti misma. Y eso te hace volverme loco, y vuelvo al principio, a tu vestido amarillo...
que me hizo fijarme en tí.
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P.S.: Inspirado en Yellow de Coldplay y dedicado a Patri, de Mirada Inocente, que se que le gusta mucho esa canción... y para que recuerde que somos muchos los que nos obsesionamos con este grupo.
Te miraba y me perdía en las líneas azules, de tu vestido de niña. Mirando inocentemente, el pupitre que te escondía... delante de mí.
Nunca pensé en reencotrarte, en verte de nuevo entre líneas azules. Entramada detrás de un cuadro, que alguien decidio pintar, que solo yo pude reconocer.
Y mi mirada ya vieja, quería recordarte también como niña. Pero ahora solo te estimaba, como el reflejo de lo que en realidad eras, mi primer amor.
Abrí una zanja, la rellené de tu amor. Levanté muros de paz, paredes de cristal, que me permitieran verte allá donde vas.
Planté rosas "American Beauty" en tu ventana, Trasladé un sicomoro por ti. Regué con tus palabras mi jardín. Vestí el tibio sol de la mañana, para que envolviera nuestra casa.
En castillo tornó, esa casa, nada podía derribarla... pero la zanja, tus sentimientos, se fueron vaciando. Ni muros de paz, ni parades de cristal... ningún edificio puede sostenerse sin tu amor.
Las rosas se pudrieron en tu alfeifar, "No Beauty, No Sicomore". Tus palabras se secaron, se enfrió el sol.
Se deconstruyó toda mi vida.
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P.S.: Inspirado en el titulo de un artículo de Stephen Jay Gould, sobre evolución.
Veo tres hojas puntiagudas, están detrás de ti. Lanceoladas, verde esmeralda. Te pinto en mi interior, solo cubierta por ellas.
Veo una foto cuarteada, está escondida tras tu espalda. Amarillenta, del siglo pasado, apareces en ella. Te hago una fotografia, revelada en mi cabeza, en victoriano desnudo.
Veo tus pestañas, están perdidas sobre tus ojos. Marrones, elegantes, infinitas, apareces tras de ellas. Acaricio tus ojos, ligeramente por tu cara, en mi mente desnuda.
Camino por una ciudad sin personas, vacio, vacia. Mi abrigo torna a morado, los rayos de sol lo tiñen, le visten de crepúsculo.
A mi lado un par de árboles, no tienen ni pajaros. Pierden sus hojas, las dejan caer sobre mi y mis hombros. Cojo una en mi mano.
Mis pasos van aquí, allá, buscandote. Los últimos rayos se esconden, detrás de una iglesia puntiaguda. Y llega la noche, aunque el cielo no sea negro.
La acera me soporta, desgasta mis zapatos o mi alma. Sigo pie tras pie, te busco en una nube teñida de rojo... En una estrella que no se puede ver, por la claridad de la ciudad.
Hipnoticamente, me arrastras. Una estatua me recuerda tu cara, pero no tiene cabeza. Dos golpes me bombardean, me arrebatan la razón.
Llegaría hasta tí, pero mis pasos me llevan a otro lugar. Me asomo al muelle, el agua es negra, hecha de mercurio maldecido. Espera que me sumerja...
El aire no existe, carece de sentido aquí.
Espero que en mi epitafio, en la tumba que compartimos, escriban: "En el mar la encontró"
A veces no me puedo creer las cosas tan bonitas que me decís... Gracias Lunaaaa, esto que he escrito, lo dejo aquí como descuidado, para ti:
"Luna de Californa, me contemplas desde el pacífico. Sobre una arena nuclear, iluminandome la piel.
Y podrías sumergirte en el océano, iluminar el mar desde dentro. Dejar que te abraze, con lenguas de agua salada. Como en mi lugar, a mi me baña mis pies.
En tu viaje soñado, por la vía láctea. Descubriendo tus imperfecciones, porque donde tienes el mar, tienes la arena, y donde tienes el agua, tienes el cielo. Imperfecciones perfectas.
Para mi no tienes cara oculta, ¡Luna de California!"
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P.S.: Perdí la primera poesía, así que la he tenido que reescribir mentalmente... es maravillosa la mente para mejorar lo recordado.
No puedo ser, no quiero ser, una persona perfecta. Cambiar mis mentiras y mis sueños, por estar contigo.
Intentaste aprender a volar, me lancé desde un avión por ti. Cambie mi corazón, lo hice aventurero. Batí mis metas, alcancé el Himalaya.
Y aun así no era perfecto, no lo era para tí, por eso quiero ser, intento ser el de antes. Leer, escucharte, traerte al lado tranquilo, de tu vida. En el que nos conocimos.
Ahora te espero, en una habitación repleta de libros, esperando que... ...esperando nada, porque se que no volverás, me dijeron: "Ahora quiere llegar a la Luna!".
Estoy empezando a escribir una historia y parece que por ahora se me da bien... puede que llegué a algún puerto y acabe terminada, o puede que quizás acabe en el saco de las historias rotas.
No sé si os ocurrirá lo mismo que a mi, pero hay veces que se me ocurre una idea para escribirla, una historia completa de principio a fin pero al final el tedio acaba haciendome sucumbir de escribirla. Me gustaría que no se me ocurrieran enteras si no que fueran surgiendo palabra a palabra... pero creo que es difícil... Hace algún tiempo oí a Susana Fortes decir que como máximo solo las veinte primeras páginas de una novela son pura creatividad, el resto es una historia que ya se tiene pensada de antemano, con ligeras variaciones.
¿Que pensaís de esto? ¿Cuales son los caminos de la creación literaria autodidacta?
Un saludo a todos, espero que me respondais cosas inteligentes como siempre.
P.S.: De propina os dejo un pequeño fragmento de la historia, el principio, a ver que os parece aunque no os dirá nada de la historia:
"Me gustaría poder dedicarte un poema tan bello como el que abre Lolita, con las palabras de Humbert Humbert describiéndote. Y aunque no seas ninguna preadolescente decirte con ellas lo carnoso de tus labios, la pasión con que pronuncio, pronunciaba y pronunciaré de mil maneras tu nombre o las perdiciones a las que me sometiste. Lo, Dolores, Lolita..."
Normalmente no hago estas cosas, pero ayer, cuando vi el nuevo anuncio que protagoniza, sentí que era difícil encontrar tanta magia en una sonrisa, en unos gestos. Así que me ha surgido esto de dentro:
"Etérea como la luz, actriz de los años cuarenta, envuelta en gasa blanca. Me enamoré de ti, perdido en la traducción.
Casi puedo oler tu pelo, a través de una pantalla, que parece antigua. No puedo dejar de contemplarte, de frente, de espaldas, escodiendo tus ojos, en la cama, de fiesta, o desnuda.
Como tu hombro, que es una invitación al deseo, como tu mirada que es simplemente inalcanzable.
Con la sonrisa rota, y los labios apagados. Así llegaste a mi, resquebrajandote como cristal.
En un dia solitario, donde yo tenía los ojos grises, de pena azul. Así, viniste hasta mi.
Llegaste con tu primer beso, temerosa a que te volvieran... a romper la sonrisa. Tímido y suave.
Hasta la noche que te vi, asomada a esa ventana. Con aquella gasa de cortina, que ocultaba tu desnudez apenas, absorto con el final de tu espalda.
Entonces te dije: "Te quiero", Y por primera vez ví, comprendí, tu sonrisa recompuesta: brillante, de corazón, como de música Rock, un ciclón, viento y marea, azucar, ron, sabor a melocotón, belleza robada, proveniente del alma.
De una ventana a otra ventana. Y de esa ventana una luz, que llena un día más mi vida de color. Una luz brillante, focal, reunida en un solo punto como una pequeña vela que despidiera miles de estrellas. Si pudiera dibujarte con letras, si pudiera transcribir con palabras la manera en que tu camisón cae sobre tus brazos. A veces solo veo tu contorno a través de los postigos entreabiertos y mi imaginación tiene que hacer todo el trabajo. Otras te muestras franca, inocente a mi vista arrobada.
Hay veces que escucho una canción que me recuerda a ti: "Que te quedaras conmigo una vida entera", así dice al principio. Desearía que cruzaras el abismo entre los dos edificios, que la ventana solo fuera una puerta de mi casa. Pero me conformaría con que nunca dejaras de asomarte entre los cristales.
Pienso que no existo para tí, que cuando miras a tu ventana sobre esa pared encalada, no aparezco en tu horizonte. Hace tanto tiempo que mi amor llena mi piel. Una niña rubita que venía a buscarme entre ramas y arboles de papel. Subiendonos juntos a empalizadas para robar moras. Rojas y jugosas.
Ahora cada vez que me acerco a ese viejo muro, desconchado y comido por la maleza, y cojo una de esas moras que tanto te gustaban me acuerdo de tus labios de niña, carnosos por el jugo de las bayas.
Hoy me he acercado hasta tu puerta y me has abierto. En mi mano un puñado de brillantes moras. Cuando lo has visto me has besado. Y me he dado cuenta de que solo soy un adolescente temeroso. En realidad, era yo el que había dejado de ir a buscarte para recoger frutas, porque prefería quedarme mirando por mi ventana.
Intento cerrar la última página, de un sueño maldito. Ese sueño recurrente, donde mis piernas no me sostienen. No puedo impulsarme, ni ponerme de pie, unicamente aferrarme, para luchar con mis brazos.
Ni un paso, mis piernas son deformes, escuálidas. Como si fueran de papel... y mi cuerpo de acero. Sueño noche tras noche, mil veces repetido.
¿Cuando se acaba? ¿Cuando se cierra?
Última página de mi consciencia.
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P.S.: ¿Teneis sueños recurrentes? ¿Pesadillas como la mía donde no podeís utilizar las piernas? Contadmelo... es angustioso.
Acaricio la madera barata de mi mesa y me acuerdo de ti. De las horas gastadas, de los pasos perdidos... siguiendo tu camino. Y me recuerda a ti porque una vez estuviste sentada sobre ella, observandome escribir en este mismo sitio. Dejaste algo impregnado de ti en ella, la acaricio, no puedo dejar de hacerlo. Contemplo sus vetas oscuras y claras, su caótica conformidad. Repleta de objetos inútiles como un reloj o una cartera, en el mismo lugar desde en altura me mirabas. Deseo tirar todo, hacer algo con ella, quizás intentar construir una escultura de ti con esta madera.
Según la luz que da sobre ella a veces me veo reflejado, deformado como un monstruo, otras veces se refleja tu fantasma, tu mirada tus piernas elevadas quedando a la altura de mi cara. Y parece que por ella no ha pasado el tiempo, que ni un minuto ha transcurrido desde que la forzaras a soportar tu liviano peso. Casi puedo notar tus dedos acariciando mis dedos mientras te escribia un poema en una pequeña cuartilla de papel.
No estás aquí y sin embargo sustituyo mis dedos por mis dedos, los meto entre mi pelo y rememoro el momento que me proporcionaste.
Y vuelvo a acariciar la madera de mi mesa, y me doy cuenta de que es todo una fantasía, todo pura poesía, salida de mis dedos, porque nunca nadie ha estado sentado en esta mesa, ni siquiera yo. Nadie la ha forzado con su peso liviano y ni siquiera puedo encontrar el sentido de lo que hago, solo la piel suave y medianamente barnizada de esta madera barata.
Dejaste escapar tu mirada, timidamente entre mis ojos y tus ojos. Te quitaste tus gafas de sol que ocultaban dos focos de luz. Surcos perfectos de brillos tornasolados, iridiscentes marrones y verdes. Tus pestañas descendieron el camino, atravesaron un valle de aire y gas entre los dos. Y yo ya no pude dejar de mirarlos, de contemplar como su luz se confundía con la de la luna y su brillo con el de las estrellas.
Dejaste escapar tu sonrisa, locuazmente entre mi boca y tu boca. Abriste tus labios completamente, haste renunciar a volver a cerrarlos, para permitir que un halo eterno saliera de ellos. Porque tu sonrisa es abstracta e indefinida, como todas, porque nadie puede decir que es, más que un gesto brillante que se escapa de quien amamos. Y yo ya no pude dejar de mirarla, de contemplar como tu labio inferior era mordido ligeramente mientras la esbozabas, mientras robabas mis labios para llevarlos a los tuyos.
Dejaste escapar tu pelo, ondulante entre tu cabeza y la mía. Lo dejaste caer sobre tus hombros, gracilmente, construyendo castillos de rizos y etéreos reflejos. Rellenaste de hoquedades el aire, con olor a cerezas y moras maduras y color a corteza de árbol. Y a veces el aire lo movía y lo destruía, le daba un nuevo aspecto y lo volvía a derribar, solo para que yo pudiera contemplarlo y admirar su efímera realidad, porque yo ya no pude dejar de mirarlo.
Como tampoco pude dejar de mirar tu piel, que dejaste escapar a las luces y sombras que el sol proyectaba en ella. Marmólea, brillante y casi translucida, cualquier estudiante de historia del arte se habría enamorado de ella, como tantos se enamoran de la Venus de Milo. La acaricié y la absorví con la yema de mis dedos, notando cada pliegue minisculo, cada imperfección perfecta.
Bueno, primero quiero daros las gracias a todos por vuestros comentarios, la verdad es que son increiblemente gentiles. La verdad es que esas líneas solo surgieron de mi cabecilla sin pensar en nadie o en algún amor desesperado, tengo facilidad para escribir sobre el amor, aunque no para escribir poemas que traten sobre otras cosas.
Ahora otra cosilla que he escrito, espero que os guste igualmente, en agradecimiento a todos:
"Vertiendo palabras líquidas, rellenando espacios hechos de sal. Visitado por fotones de luz desconocidos, que solo quieren encontrar su visión interior. Hay veces que puedo sentir vuestra voz, otras incluso puedo miraros a los ojos. Facilmente podríais no volver, dificilmente podría dejaros.
Asaltandome letras Courier, completando mi vida con poemas, con rayos de luz, con minutos imposibles. Me cruzo en vuestro camino, y os cruzais en el mío. Contándome cuentos o vuestra vida, donde algunos somos sapos y otras princesas. Rellenar mis espacios hechos de sal, con vuestras palabras líquidas.!"