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CruceDeCaminos

El Fin Del Mundo

Pequeños Corales

Podrías estar hecha de pequeños corales,
esos que son casi eternos,
porque nunca deja de crecer.
Podría probarte,
siguiendo este camino cortado,
casi un pantano drenado.
Con fuegos fátuos como tu piel,
enredandose en mis brazos.

Podría escalar al Olimpo,
solo para decirle a tu padre:
que te quiero,
aunque a veces seas veneno.
Abriría el sol por su centro,
lo haría para que te iluminara
hasta que fueras la única estrella del universo,
blanca hasta el infinito.

Podrías corresponder una vez,
alejarte de tu pedestal para acercarte
a esta pequeña gota de lluvia,
que se conforma con mojarte,
con mojar tu piel.

Pero me perderé en un rio o el mar,
en una inmensidad sin tenerte.
Por eso te escribo esto,
por que solo yo puede hacerlo,
solo yo puedo escribir mis pensamientos.

Me Confunde Sus Estrías

Veo la pared rugosa,
la siento bajo la piel de mi mano.
Y creo que es tu piel,
tu piel contra mi piel,
como aquella vez.

Cuando estuvimos bajo el cielo amarillo,
dudando de lo que sentíamos,
temiendo besarnos o entrelazarnos.
Encima de los guijarros,
que eran la arena de aquella playa.

Y vuelvo a tocar la pared,
y me confunden sus estrías,
pienso que era tu tatuaje...

...la mariposa que en tu tobillo tenías.

---

P.S.: A "La Mariposa" de los "Besos Voladores", venga, esta te la dedico a ti, ya que echabas en falta, algo más poético y menos cerebral. Un saludo A Tod@s!

Hojas Fugaces

Hojas fugaces,
otoñales copos, rellenan la calle
donde nos despedimos.
Todo es naranja,
marrón o incluso escarlata.
Rosado como tus labios,
que me abandonan esta tarde.

Oigo tus pisadas en este lecho,
que se está pudriendo,
pero conserva la belleza,
al igual que mi corazón.
Rayos brillantes brotan,
nacen entre los olmos,
otorgandote una luz fantasmal.
Te marchas como llegaste,
sin pedir permiso,
sin compasión.

Echaría raíces si pudiera,
las echaría en tu espalda,
para que llevarás contigo,
alla donde marcharas.

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P.S.:Inspirado en una hoja que ha caido en mi ventana esta tarde.

La Princesa Perdida y el Dragón. II. La Orden de Näirie-Son

El Castillo del Rey Nahasemapi estaba coronado por tres altas torres. Las dos menores flaqueaban a la principal que era donde se hallaban los aposentos reales. Esta tenía forma de vela de barco, construida en roca blanca con incrustaciones de madera de ébano como las estrías de un tigre. Las otras dos torres correspondían al hogar de la Orden de Näirie-Son y al Monasterio de los Monjes Araab-Akkur, y eran iguales a la torre Real, salvo que eran de menor tamaño.

Desde la otra orilla del lago, Lagaan observaba las tres altas torres con temor, de la misma manera que le había sucedido las veces anteriores cuando había marchado al Castillo Real con su anterior Caballero. Aunque ahora tenía un miedo mayor y es que no sabía como iba a acabar todo el asunto de su Señora Musa. Ya llevaba con ella tres años pero querer convertirse en un Caballero de la Orden de Näirie-Son era un asunto mayor.

Esta Orden estaba restringida únicamente a los más altos Caballeros de la Tierra de Näirie y ella ni era del lugar, ni tampoco era un caballero. Si descubrían que era una mujer probablemente acabarían ahorcándolos a ambos. Todo era una completa locura.

La Ciudadela donde se hallaba el Castillo se encontraba enclavada en la mitad del mayor lago de toda la Tierra de Näirie y para llegar hasta ella solo había un largo puente de piedra, el Puente de las Mil Almas. Este puente decían que había sido construido con la vieja magia de un pueblo venido de las montañas. La roca estaba atravesada con fibras de metal que la enlazaban y la recorrían como si fueran vetas de la propia piedra, lo que lo hacía prácticamente indestructible a las máquinas de guerra. Además contaba con múltiples hechizos que provocaban enfermedades a cualquier ejército que osara pisarlo y para rematar sus defensas contaba con mil puestos de vigilancia desde donde los soldados mantenían la alerta.

Musa y Lagaan habían recorrido casi la mitad del puente, Musa en el caballo Risi y Lagaan en un viejo percherón que carecía de nombre salvo para su dueño, que lo llamaba Menso. Además llevaban un par de caballos más para las fustas que en los viajes ayudaban a cargar con todos los pertrechos para la batalla y las tiendas y equipajes. Risi, el caballo altivo había consentido llevar a Musa a sus riendas algún tiempo después de la muerte del Caballero Yessarleng, solo después de comprobar que las intenciones de la joven eran leales y honradas.

Fueron dejando tras de si los puestos hasta que entraron en la ciudadela. Al ser interrogados sobre el propósito de su viaje, Musa, o como era conocida por todos Sir Masur, contestó:

¬ Nuestro motivo es que venimos a participar en las pruebas para la vacante en la Orden de Näirie-Son.

¬ Está bien, dígame su nombre y el de su escudero, y esperen aquí, uno de los mozos los llevará hasta la zona donde se acomoda a los participantes.

Así, Musa y Lagaan quedaron inscritos, uno bajo su verdadero nombre y ella bajo su identidad secreta. Parecía que cientos de Caballeros habían venido desde todos los confines de la Tierra de Näirie para participar. El Torneo de la Elección solo se disputaba cuando uno de los anteriores caballeros moría o abdicaba de su posición para pasar a ser consejero del Rey haciéndose Monje de Araab-Akkur. Por norma impuesta, los Caballeros que alcanzaban los setenta y cinco años, abdicaban y pasaban a convertirse en monjes.

La labor que hacían los Monjes quedaba en la estricta oscuridad de su Torre y, poco o nada, se sabía de ellos fuera de allí. La gente los tenía miedo y decía que era hogar para brujos y profetas, donde se preparaban mil y una pócimas para el Rey, o se conjuraba a las estrellas para atraer riquezas y triunfos en batallas para el ejército del Señor. Con la sola excepción de los Caballeros, que pasaban a formar parte de la Fraternidad monacal después de su servicio, el resto de monjes eran escogidos, y prácticamente arrebatados a sus familias, desde niños. Mucha gente allegada a los Monjes creía que, en realidad, los Caballeros no sabían lo que se cocía en la torre y que solo eran atendidos hasta los años de su muerte por estos, desconociendo en absoluto su ciencia. Así, los Monjes de Araab-Akkur eran temidos y adorados a partes iguales, porque aunque se temía que tentaran a las fuerzas del mal desde sus mazmorras, servían para atraer la prosperidad al Reino.

La creencia ancestral decía que la originaria Fraternidad de Monjes Araab-Akkur, había sido constituida por los mismos visitantes de las montañas que habían construido el Puente de las Mil Almas y que todo lo que se enseñaba en la Torre Araab-Akkur, procedía de la magia de este pueblo.

La muerte que había llevado a Lagaan y a Musa hasta allí había sido la de Sir Arkukt, que había ocurrido exactamente seis meses atrás. Durante este tiempo se habían celebrado fastos en su honor y ahora llegaba el tiempo de celebrar el Torneo de la Elección para encontrarle sustituto.

Los Caballeros de la Orden de Näirie-Son, eran quince, todos provenientes de las Tierras que defendían y todos hombres. Estas eran las dos primeras leyes de la Orden. La tercera ley era que toda persona que lograra superar el Torneo de la Elección sería nombrado Caballero. Musa aguardaba todas sus esperanzas en esta tercera Ley para ser investida Caballero, puesto que sabía que superaría las pruebas. Llevaba mucho tiempo preparándose para ello y no iba a dejar escapar su oportunidad.
Las Pruebas del Torneo de la Elección eran diversas y complejas pero consistían básicamente en un torneo de caballero con una parte final secreta, que constaba de tres pruebas, de las que solo se sabían sus nombres, Pureza de Sangre, Voluntad de Sangre y Amor de Sangre.

....

Sin que su Señora lo supiese Lagaan había comenzado a escribir la historia de su Caballero a escondidas, y la noche antes de que comenzara el Torneo de la Elección, escribió lo siguiente:

?Valerosa y bella,
pura y eterna.
En la Ciudadela de las Tres Torres,
en el Torno de la Elección,
resuelta surgirá vencedora, porque
Mi Musa compite contra el viento,
o puede enfrentarse a las estrellas.
Ahonda su fuerza en la lucha,
porque no existe Caballero,
ni amistad surgida,
que pueda con la Princesa Perdida.?

El Torneo de la Elección comenzó y Musa llegó hasta su final, pero esa historia ha de ser contada otro día...

Más Adentro, Más Adentro

Más Adentro, más Adentro,
por el camino hacia tus besos,
por el destino desde tu cuerpo.
Perdiendo el sentido,
la fuerza de mis piernas,
la dirección y la consciencia,
el paso que me acerca a tu secreto.

Tropezando y cayendo,
alargando las horas con mi sueño,
sueño contigo y con tu pelo.
Mirando a Saturno,
guiandome en las estrellas para alcanzarte,
apartando las sombras,
dejando que la luz entre en mi vida.

El camino es duro,
el bosque encerrado contra el suelo,
pero mi constancia mayor,
y mucho mayor mi deseo,
para llegar algún día,
a besar la flor entre tus cabellos.

---

P.S.:Inspirado por la poesía de Ramon Sampedro, podeís leerla aquí gracias a DuNA.

La Princesa Perdida Y El Dragón. El Comienzo

Lagaan apenas acaba de escapar de su infancia cuando conoció por primera vez a Musa. Se encontraron a las orillas de un lago en las lejanas Tierras de Näirie. Lagaan escribía poemas y cantaba aunque no era lo que se podía llamar un trovador todavía. Cuando conoció a la joven, no era más que un aprendiz de escudero. Su padre lo había vendido al Caballero Sir Yessarleng, cuando apenas tenía ocho años.

Lagaan cepillaba las crines al caballo del caballero, mojando su cepillo de cerdas en el agua del lago. El caballo era uno de esos caballos que tiene nombre, aunque el suyo no fuera tan famoso como los de Brego o Sombragrís. A pesar de que no era un Meara, era salvaje como estos y rápido como si su cabalgar lo constituyeran las alas de un halcón. Era negro por entero, salvo la sola excepción de un lucero en el centro de su cara. El chico era uno de los pocos por los que se dejaba acariciar e incluso era arisco con su dueño, que solo lo utilizaba en las justas o en las batallas más necesarias, porque el caballo solo se dejaba montar por el si la causa era noble, y estas eran las menos, puesto que Sir Yessarleng, era más un mercenario que un verdadero caballero.

Mientras que acicalaba al caballo, Lagaan se sorprendió al ver a lo lejos el cuerpo de una mujer desnuda en el lago. Era tan bella como la puesta de sol y su pelo, aunque corto como el de un joven, resplandecía entre los reflejos del agua. Para Lagaan era la primera vez que veía el cuerpo de una mujer en todo su esplendor. Cualquier podría decir que el muchacho se había enamorado, pero en realidad, lo que sintió desde aquel momento fue la devoción hacía aquella belleza traída por algún Dios lejano.

...

La joven era claramente de otro lugar, su pelo era rubio y su piel glauca como las flores de azahar. Su cuerpo era fibroso y delgado aunque de cualquier manera bello. En seguida se dio cuenta de que la observaban y rápidamente se zambullo desapareciendo de la vista de aquel escudero que la miraba desde la otra orilla. Se deslizo bajo el agua con rapidez y salio del agua furtivamente para vestirse con sus ropas de chico. A la vista de cualquiera que no lo hubiera hecho un momento antes, se transformo en otra persona, un joven igualmente rubio y delgado, barbilampiño.

Se puso una especie de mascara que la cubría la parte inferior de su cara y se acerco al escudero con su arco en guardia.

El muchacho se sorprendió de verla allí, atacándole pero estaba indefenso. Para sus ojos aquello no era más que un disfraz, para otra mucha gente, habrá sido su aspecto común.

- He de matarte, conoces mi secreto y no puedo tener piedad contigo.-Le dijo.
- No, estoy indefenso y además si lo haces mi Caballero que es mi dueño, te perseguirá hasta que le pagas la deuda o te mate.
- Me da igual, mucho e recorrido, hasta llegar aquí y no puede perderse todo ahora.
- Te juro que no contaré tu secreto a nadie.

Pero algo los interrumpió. Era Sir Yessarleng, vestido con una gran túnica negra y bajo ella una coraza de un metal oscuro.

- ¿Qué secreto? ¿Que ocurre aquí?
- Silencio u os mataré a ambos.
- Tu no vas a matar a nadie muchacho.- Dijo el Caballero mientras que desenvainaba su espada.

La chica habló, con una voz ronca y segura.

- Si da un paso más le atravesaré la garganta con mi flecha, se quien es y lo que hace, Sir Yessarleng.-

Evidentemente la fama le precedía y en algunas zonas se le conocía al Caballero abundantemente. En algunos lugares le llamaban Espina de Dragón, o el Caballero Mercúreo. Para él, aquella situación no era nueva, muchas veces se había tenido que enfrentar a jóvenes aspirantes a Caballero que le asaltaban en caminos para quedarse con sus armas o sus caballos. Incluso el había llegado a Caballero de esa misma manera.

Sir Yessarleng entonces decidió avanzar y acabar pronto con aquel novato, puesto que carecía de los más mínimos escrúpulos y no contemplaba ni siquiera dejarlo marchar, como ocurría muchas veces con estos aspirantes al sufrir el efecto del miedo. La espada de Sir Yessarleng no era nunca limpiada y la sola imagen de sus filos bañados de la sangre de mil batallas y miles de enemigos abatidos, hacía temblar a muchos de sus contrincantes.

Pero la muchacha no se achantó... y cuando este dio su segundo paso hacía la roca donde ella se hallaba subida, le disparó una flecha certera a su yugular. El Caballero entonces, movió rápidamente su espada y la partió por la misma mitad, al tiempo que daba un salto y se lanzaba a por la arquera. Ella lanzó su arco a un lado y dando un salto y una pirueta en el aire, saco una daga de su bota y pasó por encima de Sir Yessarleng. Cuando este intento clavar la espada en su enemigo, solo abatió al aire y se encontró con un intenso dolor en su espalda. Lo habían abatido y él lo sabía.

- Maldito.- Y con esa palabra, un filo rojo recorrió su espalda y su túnica, que no llevaba protegida, porque se jactaba de nunca jamás le daba la espalda al enemigo. Tanta gloria y riquezas conseguidas para morir de esa manera innoble, eso fue lo último que le paso por su cabeza.

...

Lagaan contemplaba atenazado y esperando a ser el próximo, pero no fue así. La joven mujer se quitó la mascara y le dijo una palabras.

- Eres libre, pero a partir de ahora, deberás guardar mi secreto, puesto que de no ser así te buscaré y te mataré.
- Si no le importa deseo ser su escudero, mi nombre es Lagaan.- Dijo el chico arrobado por la belleza de los ojos de ella.
- Esta bien, pero de igual manera tendrás que hacerlo. Mi nombre es Musa pero a ojos de los demás tendrás que presentarme como Sir Masur, un Caballero venido de las lejanas Tierras de Destino.

Lagaan juró su lealtad y a partir de aquel día comenzó a acompañarla a todos los lugares donde se iba ganando el respeto y la fortaleza de ser un Caballero valeroso y con gran destreza en la lucha cuerpo a cuerpo, ganando numerosas fustas. Hasta que ambos se decidieron embarcar en un viaje hasta donde se hallaba la capital del Reino, en la Isla del Rey Nahasemapi.

Pero esa es otra historia que a de ser contada otro día...

Llegada desde Saturno

Llegada desde Saturno Es ordinario,
casi tópico.
Levantate y anda,
resucita de la noche.
Abre los ojos al timón,
despliega las velas hacia ti.

Como llegada desde Saturno,
hecha de estrellas rutilantes.
Titilando desde algún lugar distante,
Brindando tu luz a mi cielo.
Guiandome en la vuelta casa,
desde el océano plúmbeo.

En mi corazón estás,
para lo peor, para las olas,
para los huracanes que intentan derribarme.
No importa que no tenga aliseos,
ni que el Sol me abrase,
o que tampoco halle el norte.

Me transportas a NuncaJamas,
a la tierra prometida del hogar.
El agua es como un muro de cristal,
muros de miles de kilometros,
redondos y concentricos.
Pero tu siempres estás cada noche,
abriendome un destino certero.

Fuerza a mis brazos para el timonel,
desplegandome las alas,
para afrontar la tormenta perfecta.
Esta noche no puedo verte,
las nubes cruzan cicatrizando el aire.

Intento encontrarte,
pero solo cuando estoy en el ojo,
por última vez puedo divisarte.
Luchando,
agrediendo a las olas con mi quilla,
se que acabaré por irme al fondo.

Y te escribo esto,
y te lo envio a Saturno con los vientos,
los mismos vientos que me arrastran,
me atan a la profundidad,
donde ya no podré verte.

La Niebla de la Guerra

Abro la puerta. Detrás de ella nada, solo sombras que envuelven la luz y la apartan de mi mirada. Todo es gris, un gris más cercano al acero que al plomo, pero denso como metal líquido. No alcanzo a ver el otro lado de la calle, aunque vislumbro cascotes y miseria. Justo delante de mis pies hay un gran pedazo de algo que anteriormente quizás fuera una sillón. La niebla es espesa, pero dificilmente podría considerarse que tiene un origen natural, carece de esa humedad o del movimiento necesario para ello. Doy un paso y cruzo el umbral, a pesar de que no se lo que me espera, bajo mi pie izquierdo hay un felpudo parcialmente quemado como un estropajo viejo, donde solo se aprecian tres letras. WEL. No hay nadie junto a mi, ni tampoco en mi casa, así que no tengo más remedio que hacerlo, caminar hasta averiguar algún sentido a toda la situación. Dentro no funciona nada y todas las ventanas parecen estar rotas y gran parte de los muebles destrozados, no hay nada por hacer allí más que limpiar o refugiarme.

No recuerdo que ha sucedido, ni tampoco donde estaba antes de despertarme en el sotano de la casa.

El pánico comienza a absorberme porque por primera vez soy consciente de que carezco de respuestas para todo. Para donde estoy o que es lo que hacía. Para que es lo que quiero hacer o quien me acompaña. Y mientras que pienso todo esto, absorto en mi interior, mi antebrazo desnudo se va cubriendo de una fina película de polvo, de ceniza reseca y monocolor. Gris. Va a recubriendo mi piel y por primera vez me doy cuenta de que me falta una gran parte de la camisa que me recubre. En mis pantalones sucede igual. Voy practicamente desnudo y en las piernas tengo heridas. Una punzada en la cara y sangre reseca en mi mano derecha. Tengo un golpe a uno de mis ojos. Pienso que probablemente ese golpe fue lo que me dejo inconsciente y que algo me debió pasar en las piernas para tener quemaduras en ellas.

Aún permanezco con un pie dentro de mi/la casa. Doy otro paso más y grito. "¿Hay alguien?" Pero parece ser vano...

...dos metros más allá, en lo que aparentemente debía ser un jardin hay un gran socavón y un coche semienterrado y quemado dentro de el. Huele a plastico quemado aunque sobre las llantas del coche no queda nada salvo el metal ennegrecido. Cinco metros más allá, encuentro un buzón en apariencia intacto aunque también quemado por fuera. Lo toco ligeramente para cerciorarme de que no quema y despúes lo abro. Tres cartas encuentro. En la que está en medio y mejor conservada leo.

"Alexander Ross".

...Continuará ¿o no?...

El Fin Del Mundo

Hola!!

Hasta ahora, los poemas y otras cosas que escribia las colocaba en el Tema "Cruzate Conmigo" y como estaba empezando a convertirse en un cajón desastre donde todo cabía he decidido crear este nuevo Teme para poner estas cosas y dejar el anterior para hablar exclusivamente de mi.

Para inagurarlo, algo que he escrito...

"Aquí estoy después de suber a este risco, gritando a todas las esquinas del mundo tu nombre. Un risco que bien podría ser llamado "El Fin del Mundo", porque se impone en medio de la nada como simbolo de lo que puede ser y será. "Finis Terrae". Si alguien pudiera verme, estuviera aquí acompañandome mientras que lanzo tu nombre al viento, se sorprendería de como ha llegado hasta aquí. Desaforado camino hasta llegar a tocar el cielo. Porque necesitaba venir hasta aquí, a algún lugar desde donde supiera que Dios me escucharia para pedirle que volvieras. Grito, grito sin remedio, hasta perder la voz, hasta sangrar por la boca, porque deseo con todas las fibras de mi cuerpo que vuelvas.

Se que es vano, que solo un milagro puede recuperarte para mi. A pesar de que este lo suficientemente alto como para ver las nubes desde arriba, para poder ver el océano como un lago y las ciudades como estrellas brillantes diminutas. El viento me susurra respuestas a mi llamada. O al menos eso es lo que creo. Quizás me este volviendo loco o ya lo este por haberte perdido en aquella noche de agosto. Debo de estar loco para subir hasta aquí. Pero calla... que es lo que me cuentan el silbante titilar del aire... No puede volver del sitio al que ha marchado. No puede.

Y a pesar de eso, aquí estoy. Pero ya me voy... caigo, caigo sin remedio, caigo para poner fin."