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CruceDeCaminos

La Temperatura A La Que Arde El Papel

Seamos directos y francos. No quiero andar con rodeos. Acabo de ver Fahrenheit 9/11, de Michael Moore. Podría extenderme sobre la estúpida polémica que la rodea, pero creo no es más que un intento hipócrita de evitar que la película alcance una notoriedad más verdadera que la que ya ha obtenido.

Mis palabras contienen a partes iguales furia, dolor, pena, venganza y vergüenza. Lo peor de todo es que me siento incapaz, para representar con ellas todo lo que pienso en este momento.

En primer lugar, solo puedo representar mi más sincero desprecio por todos esos intelectuales de izquierdas que la detestan y la consideran panfletaria. Es más que probable que para descubrir la verdadera dimensión del documental haya que haber pasado por el tamiz de proceder de una clase baja para descubrirlo, y muchos de ellos o bien nunca han pasado por el, o bien hace ya demasiado tiempo que tienen calefacción en casa para recordarlo.

La película poco a poco va desgranándose hasta apretarte el corazón dentro de un puño de sentimientos. Y ahora mismo me siento incapaz de deshacerme de él para escribir esto.

En segundo lugar, atrás queda la indignación por el robo a mano armada de Florida y por como, por el simple hecho de que una Cadena de Noticias de ultraderecha decidiera falsear la realidad, tantas cosas hayan sucedido. Atrás queda ya muy lejos el Once de Septiembre y esas caras de la gente en NYC, que no hacen más que recordarme la mía propia ante aquel dolor, mientras que otra cara, en este caso inerte, permanecía absorta en un cuento para niños. Atrás también quedan todas las sospechas de que los Bush y toda la élite republicana norteamericana tienen ?algo más? que negocios con la familia Ben Laden o los Príncipes Saudíes, y por ende con el terrorismo de Al Qaeda. Incluso queda atrás el recorte de derechos civiles en los Estados Unidos, llevando a investigar a secretas células terroristas donde se comen galletas y se persigue la paz de una manera generosa.

Todo esto queda atrás, pero lo que no olvido son los soldados muertos y sus caras. Como la cara de la madre de Flint y la cara de su hijo muerto, en un Black Hawk derribado. Porque lo que más duele, como dice esta fervorosa conversa después de la muerte de su hijo, es la ignorancia, la ignorancia de la gente que piensa que en aquel país se está haciendo algo bueno, que Bush los dirige a la derrota del terrorismo y que su vida es más segura con todos aquellos muchachos luchando por defender la vida de los que solo y únicamente se dedican a robarles el petróleo a los iraquíes.

En cuarto lugar están las empresas. Están todos esos empresarios que dicen una y otra vez, como pájaros bien amaestrados, que Iraq es la mejor zona para hacer negocios del planeta y en lo beneficiosos que van a ser para ellos los próximos años. Se reúnen en convenciones organizadas por Microsoft, hecho que me provoca nauseas por estar tecleando estas palabras en el Word, para darse palmaditas en los hombres y felicitarse por lo ricos que ya son y lo aún más asquerosamente ricos que van a ser de aquí a tres o cuatro años, aunque eso cueste algunas vidas.

Y lo peor de todo es que el hecho final que me provoca es miedo, porque me siento aterrado de lo que los acólitos de Bush serían capaces de hacer con cuatro años más por delante. Los hechos no invitan a la esperanza, aunque esta sea lo último que se pierda.

Carlos D. Redondo.

1 comentario

Marta -

Todo esto lo sentía ya, antes de leer tu artículo, y sin ver la película. La información que nos llega -a través de los medios de comunicación- suele ser bastante difusa, y en ningún momento suele comprometer las "altas esferas", vivimos engañados, y pensamos que esto es la Libertad...

Si desde "arriba" no se cambia esta actitud, los de "abajo" poco podemos hacer, más que esperar resignados que la vida los castigue. Pero mientras tanto... Miles de hombres mueren a manos de los que dicen llevar la paz y la modernidad... pobres diablos.