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Recuerdos Desde el Último Abismo del Mundo

Mi primer recuerdo está inundado más por los olores que por las imágenes y aunque en realidad carezco de sentido para reafirmar si es un recuerdo real o más bien invención propia de mi espíritu, hoy tengo el deseo de contaroslo.

Es una foto fija, carente de movimiento y relleno de luz desenfocada y colores brumosos. Dicen que los bebes ven en blanco y negro durante un tiempo, quizás por eso no recordamos cosas anteriores, porque un recuerdo en blanco y negro es algo más onírico que rememorador.

Recuerdo un especie de sofá que teníamos en mi casa... estaba constituido por piezas y era una mezcla de cama, colchoneta y espuma envuelta en una lana verde, un tejido parecido al de las mantas y que picaba en la piel. Cada una de sus piezas era como un cojín que conformara un puzzle multiposicional. Por algún motivo este sofá estaba en el cuarto donde transcurre el recuerdo. Junto a el, una estantería de la que aún permanecen partes en mi cuarto actual. De madera lacada en blanco y con un gran mostrador, que hasta que se autodestruyo servía de mesa de estudio.

Entre aquello objetos inanimados, mi madre cambiandome los pañales.

Ese es mi primer recuerdo, y como dije antes, su formación más real se encuentra en el terreno de los olores, mezcla de talco y de cremas para infantes. Con un pañal que no era pañal, sino una especie de braga que contenía unos paños. La braga era de plástico, un plástico de nylon, de ese con el que ahora se fabrican los hules para las cocinas. Por entonces toda una novedad, según he oido decir a mi madre, recien traido por unos tios de mi padre desde Francia, porque aún entonces y solo hace veinte años, Dodot no había empezado a ejercer su dominio sobre los padres, costandoles el pan que debajo del brazo trae cada niño.

Y también aparece en la imagen mi hermano, pero de una manera más que difusa y en apariencia casi fantasmal.

Este es mi primer recuerdo, aunque solo yo sé si es real o más bien algo producto de una confabulación de realidades y sueños surreales. Y el primer motivo por el que os lo cuento no es porque quiera que lo sepáis, sino porque no quiero que se me olvide y ultimamente se me han olvidado demasiadas cosas.

Carlos D. Redondo
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1 comentario

Marta -

Da miedo tu última frase. Si no tuvieramos los recuerdos, a veces adornados, nuestra vida carecería de sentido.
Mis recuerdos no llegan tan lejos, y me molesta, pero siguen estando en boca de mis padres y hermanas, y gente que me conoce, que espera a la mínima para recordarme la vida que tenía de pequeña.
Un beso
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