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CruceDeCaminos

Cuerpo de Miel de Caña

El liston ha quedado definitivamente muy alto, en lo que se refiere a las poesías... sabía que esta última os iba a gustar, porque surgio en un brote completo de inspiración y es mucho más larga que el resto. Además me envolvió a medida que la escribía y por supuesto, creo que es la que más me gusta de todas las que he escrito, porque me encantaría vivir algo así.

Quizás le deba bastante a Manuel Vazquez Montalban, puesto que surgió en mi cabeza mientras que veía el programa Estravagario de Javier Rioyo dedicado a él, a pesar de que no tiene nada que ver.

Aún así, estoy dispuesto a lanzarme por la montaña rusa que es la composición y entregaros hoy, algo menos brillante.

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Desde mi ventana,
una reja, y detrás... un muro verde.

Y mi casa no es una cárcel,
pero me ahoga tanto como si lo fuera.
Donde ni llamadas de teléfono,
correos electrónicos,
o simples cartas,
pueden acercarme a tí.

Por las noches,
siento como las paredes se estrechan,
y el techo se encoje.
Las sabanas me atrapan,
la manta se retuerce y me encadena.
Mientras, que pienso en tu cuerpo,
mitad de mi mismo,
con su dulce color a miel.

Pienso que solo una milla nos separa,
que detrás de esas casas,
con cientos de chimeneas,
se disimula la tuya, camaleónica.
Pero a pesar de tan cerca,
mucho más lejos...
porque en esta ciudad,
que nos atrapa cada semana,
nunca nos vemos.

Nuestro amor de susurros y miradas,
acaba reducido a un par de días,
pocas horas, en otro lugar,
y un anhelo después:
Que es una sensación de pulso,
de pugna interior,
para recordarte mirando por esta ventana.

Es irónico,
que el lugar perfecto para escondernos,
sea el único donde no nos vemos.
Porque los fines de semana,
las horas son contadas,
las caricias fugaces,
y el sexo hambriento.
Pero en esta casa,
tu nuca nunca ha estado,
ni tu pelo,
ni tus labios
o tus ojos negros.
En esta casa que de atraparme nunca ha cesado.

Aún así, hay días que amanece en ella,
que el reflejo del sol en los barrotes,
me hace pensar en tí,
en tu cuerpo de miel de caña,
en como te haría el amor.
En como un camastro,
puede convertirse en el cielo,
y el muro verde en un jardín.

Las paredes dejan de ser hielo,
y si las toco,
imagino que lo que está debajo es tu cuerpo.
O si piso el suelo,
es como caminar contigo por la playa.
Y todo gracias a una imaginación amarga,
que me devuelve a mi silla,
a mi hogar dulce hogar...
cuando me entrega a la soledad,
porque está demasiado exhausta de disimular.
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2 comentarios

La Mariposa -

No nos sentimos encadenados por paredes, casas o barrotes, sino cuando en nuestro corazón se esconde más sentimiento del que cabe.

Besos voladores y no dejes de escribir ;-)

lunaaaaa -

es maravilloso ..."el camastro convertirse en cielo y el muro en jardin".....es todo un señor porema este poema tuyo....Saludos.
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