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La Princesa Perdida y el Dragón. II. La Orden de Näirie-Son

El Castillo del Rey Nahasemapi estaba coronado por tres altas torres. Las dos menores flaqueaban a la principal que era donde se hallaban los aposentos reales. Esta tenía forma de vela de barco, construida en roca blanca con incrustaciones de madera de ébano como las estrías de un tigre. Las otras dos torres correspondían al hogar de la Orden de Näirie-Son y al Monasterio de los Monjes Araab-Akkur, y eran iguales a la torre Real, salvo que eran de menor tamaño.

Desde la otra orilla del lago, Lagaan observaba las tres altas torres con temor, de la misma manera que le había sucedido las veces anteriores cuando había marchado al Castillo Real con su anterior Caballero. Aunque ahora tenía un miedo mayor y es que no sabía como iba a acabar todo el asunto de su Señora Musa. Ya llevaba con ella tres años pero querer convertirse en un Caballero de la Orden de Näirie-Son era un asunto mayor.

Esta Orden estaba restringida únicamente a los más altos Caballeros de la Tierra de Näirie y ella ni era del lugar, ni tampoco era un caballero. Si descubrían que era una mujer probablemente acabarían ahorcándolos a ambos. Todo era una completa locura.

La Ciudadela donde se hallaba el Castillo se encontraba enclavada en la mitad del mayor lago de toda la Tierra de Näirie y para llegar hasta ella solo había un largo puente de piedra, el Puente de las Mil Almas. Este puente decían que había sido construido con la vieja magia de un pueblo venido de las montañas. La roca estaba atravesada con fibras de metal que la enlazaban y la recorrían como si fueran vetas de la propia piedra, lo que lo hacía prácticamente indestructible a las máquinas de guerra. Además contaba con múltiples hechizos que provocaban enfermedades a cualquier ejército que osara pisarlo y para rematar sus defensas contaba con mil puestos de vigilancia desde donde los soldados mantenían la alerta.

Musa y Lagaan habían recorrido casi la mitad del puente, Musa en el caballo Risi y Lagaan en un viejo percherón que carecía de nombre salvo para su dueño, que lo llamaba Menso. Además llevaban un par de caballos más para las fustas que en los viajes ayudaban a cargar con todos los pertrechos para la batalla y las tiendas y equipajes. Risi, el caballo altivo había consentido llevar a Musa a sus riendas algún tiempo después de la muerte del Caballero Yessarleng, solo después de comprobar que las intenciones de la joven eran leales y honradas.

Fueron dejando tras de si los puestos hasta que entraron en la ciudadela. Al ser interrogados sobre el propósito de su viaje, Musa, o como era conocida por todos Sir Masur, contestó:

¬ Nuestro motivo es que venimos a participar en las pruebas para la vacante en la Orden de Näirie-Son.

¬ Está bien, dígame su nombre y el de su escudero, y esperen aquí, uno de los mozos los llevará hasta la zona donde se acomoda a los participantes.

Así, Musa y Lagaan quedaron inscritos, uno bajo su verdadero nombre y ella bajo su identidad secreta. Parecía que cientos de Caballeros habían venido desde todos los confines de la Tierra de Näirie para participar. El Torneo de la Elección solo se disputaba cuando uno de los anteriores caballeros moría o abdicaba de su posición para pasar a ser consejero del Rey haciéndose Monje de Araab-Akkur. Por norma impuesta, los Caballeros que alcanzaban los setenta y cinco años, abdicaban y pasaban a convertirse en monjes.

La labor que hacían los Monjes quedaba en la estricta oscuridad de su Torre y, poco o nada, se sabía de ellos fuera de allí. La gente los tenía miedo y decía que era hogar para brujos y profetas, donde se preparaban mil y una pócimas para el Rey, o se conjuraba a las estrellas para atraer riquezas y triunfos en batallas para el ejército del Señor. Con la sola excepción de los Caballeros, que pasaban a formar parte de la Fraternidad monacal después de su servicio, el resto de monjes eran escogidos, y prácticamente arrebatados a sus familias, desde niños. Mucha gente allegada a los Monjes creía que, en realidad, los Caballeros no sabían lo que se cocía en la torre y que solo eran atendidos hasta los años de su muerte por estos, desconociendo en absoluto su ciencia. Así, los Monjes de Araab-Akkur eran temidos y adorados a partes iguales, porque aunque se temía que tentaran a las fuerzas del mal desde sus mazmorras, servían para atraer la prosperidad al Reino.

La creencia ancestral decía que la originaria Fraternidad de Monjes Araab-Akkur, había sido constituida por los mismos visitantes de las montañas que habían construido el Puente de las Mil Almas y que todo lo que se enseñaba en la Torre Araab-Akkur, procedía de la magia de este pueblo.

La muerte que había llevado a Lagaan y a Musa hasta allí había sido la de Sir Arkukt, que había ocurrido exactamente seis meses atrás. Durante este tiempo se habían celebrado fastos en su honor y ahora llegaba el tiempo de celebrar el Torneo de la Elección para encontrarle sustituto.

Los Caballeros de la Orden de Näirie-Son, eran quince, todos provenientes de las Tierras que defendían y todos hombres. Estas eran las dos primeras leyes de la Orden. La tercera ley era que toda persona que lograra superar el Torneo de la Elección sería nombrado Caballero. Musa aguardaba todas sus esperanzas en esta tercera Ley para ser investida Caballero, puesto que sabía que superaría las pruebas. Llevaba mucho tiempo preparándose para ello y no iba a dejar escapar su oportunidad.
Las Pruebas del Torneo de la Elección eran diversas y complejas pero consistían básicamente en un torneo de caballero con una parte final secreta, que constaba de tres pruebas, de las que solo se sabían sus nombres, Pureza de Sangre, Voluntad de Sangre y Amor de Sangre.

....

Sin que su Señora lo supiese Lagaan había comenzado a escribir la historia de su Caballero a escondidas, y la noche antes de que comenzara el Torneo de la Elección, escribió lo siguiente:

?Valerosa y bella,
pura y eterna.
En la Ciudadela de las Tres Torres,
en el Torno de la Elección,
resuelta surgirá vencedora, porque
Mi Musa compite contra el viento,
o puede enfrentarse a las estrellas.
Ahonda su fuerza en la lucha,
porque no existe Caballero,
ni amistad surgida,
que pueda con la Princesa Perdida.?

El Torneo de la Elección comenzó y Musa llegó hasta su final, pero esa historia ha de ser contada otro día...
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