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En Los Últimos Cuatro Años (I)

En los últimos cuatro años hemos vivido en el descenso de una espiral, una nueva forma de mandato absolutista, donde nos dicen que se hace por un bien mayor, por nuestro bien mayor. En gran parte se debe a la excesiva confianza que la gente depositó en un individuo. Era obvio a donde nos dirigíamos e igualmente obvio es que mundo es gradualmente peor desde el año Dos Mil.

Plagas funestas, meteoritos, enfermedades enviadas por un ser celestial. El milenarismo nos alertaba del fin de nuestro mundo, de la civilización, pero los verdaderos males permanecían latentes.

Desde el fin de la guerra fría hemos vivido en un creciente impulso tecnológico que nos ha llevado a incrementar las diferencias con los más humildes y castigados. Pensábamos que el mundo era de color rosa y podíamos vivir tranquilamente, ya que los conflictos inmediatamente presentes en nuestros territorios cercanos habían desaparecido, incluso se había reducido hasta lo remoto la posibilidad futura de producirse.

La sombra de una guerra mundial termonuclear parecía estar lo bastante lejana como para disiparse, pero en el confort de nuestros hogares alimentábamos activa y pasivamente el odio, el hambre y la ignorancia hasta los mayores límites de la humanidad.

En los albores del nuevo milenio, nadie había vivido tan bien en el primer mundo, ni tampoco había habido tanta ira, tanta hambre y tanta miseria en el tercer y segundo mundo. Incluso en el patio trasero de nuestras casas, mirando hacia otro lado siempre, de manera subjetiva.

Existe un tipo de volcanes que estallan más viruléntamente que ningún otro. Se producen por la más lenta e inexorable de las lavas. Atora todas las salidas del volcán poco a poco, muy lentamente, quizás en siglos, pero mientras, interiormente, se convierte en una olla a presión. No hay avisos, ni pequeñas erupciones, solo una explosión violentísima que elimina todo a su alrededor. Hasta a el propio volcán.

Nuestro comportamiento ha sido esa lava. La explosión el once de septiembre de dos mil uno.

Desde entonces nuestro planeta se muere, se desangra sin que sepamos donde hay que poner las vendas. Y además de todo esto, elegimos dentistas para el trabajo de neurocirujanos.

La propia autodestrucción está siendo fomentada por las grandes empresas y emporios, que colocan pequeños peones en las plazas de poder.

La economía sigue creciendo, pagamos el precio con vidas humanas mientras que otros nos confunden desde sus púlpitos con ideas descabelladas de matar moscas a cañonazos, ideas que solo sirven para generar más dinero para unos pocos. Para ti y para mi, para los que siempre lo han tenido todo y se ven en el derecho de reclamar más para sí mismos.

La guerra invasora e ilegal de Irak, además de otros muchos calificativos, es la punta de lanza, el pequeño hielo en un vaso de whisky tras el que se esconde un iceberg como la Antártida. Esa guerra solo se ha llevado a cabo para obtener intereses económicos.

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El lobby petrolero de Texas pagó gran parte de la campaña presidencial de George W. Bush en el año 2000, además de otras empresas más benignas como Coca – Cola o ATT. Esta era una apuesta clara y simple. Sin olvidar que una de las empresas de ese lobby es la de la propia familia Bush.

Nosotros te ponemos los medios, tu nos recompensas.

La creciente apuesta por el Partido Demócrata por el medio ambiente, durante todo el mandato de Bill Clinton, y especialmente la del candidato presidencial Al Gore, adalid de la conservación natural en la década de los noventa, no era un buen activo para las petroleras.

Dadme 300 millones de dólares y la campaña de publicidad será tan espectacular que pondré de Presidente del Mundo Libre a un escarabajo “petrolero”.

Es evidente que esos 300 millones no fueron del todo suficientes, la incapacidad del candidato para estar más de una hora sin decir una tontería o insultar a un periodista, anularon en parte el dinero gastado. Solo un ligero pucherazo en un estado donde gobierna el hermano del candidato y que la mayor instancia judicial del país hiciera que el millón de votos más del contrincante político valiera cero, derogando la máxima democrática, llevaron a un palurdo tejano, alcohólico, disléxico, cobarde y con la costumbre de asesinar personas estatalmente, a ser Presidente de los Estados Unidos de América.
Ahora díganme, si ustedes fueran presidentes de una multinacional que apuesta tanto política y económicamente, debería exigir una recompensa, ¿No? Es puro mercantilismo del capital.

Obviamente, conseguido el objetivo de poner tu peón en el poder, puedes hacer con el lo que quieras. Empezaremos por una medida política, sin consecuencias directas e inmediatas para los votantes, es decir, aboliremos los compromisos de Kyoto para cuidar el medio ambiente de gases contaminantes.

Esto suponía un ahorro de costes de conversión industrial y empresarial, pero no suponía mayores beneficios. No aumentaba las reservas de petróleo en territorio americano o saudita, ni tampoco elevaba el precio del mismo por la inestabilidad en Oriente Próximo.

Estaban dispuestos a dar el paso, era una venganza personal para el peón, además; pero necesitaban un empujoncito, porque siempre han sido cobardes y el peón más que ninguno.

Nuestra indiferencia hacía los que no viven a orillas del atlántico norte y no solucionar completamente las consecuencias de la Guerra Fría para centrarnos en nuestros lujosos noventa, con ordenadores, bolsos de LVMH, zapatillas Nike y retrasmisiones vía satélite,... nos llevó a sufrir el más brutal atentado contra la vida humana desde tiempos de la Segunda Guerra Mundial.

Obviamente, la muerte de tres mil personas en el primer mundo en un solo día, en un solo momento, de esa manera, nos pareció más importante que la muerte de diez veces más seres humanos ese mismo día por el hambre. Incluso nos siguió pareciendo más importante al día siguiente que las treinta mil más que murieron y también al tercer día donde se sucedían las reacciones políticas.

Iniciamos investigaciones, detuvimos inmigrantes y células en casi todos los países occidentales; pero era demasiado lento. Los más impulsivos clamábamos venganza, los más reflexivos pidieron respuestas. Ninguno nos preguntamos los porqués de aquello, ni nuestra parte de responsabilidad para que una persona nos odie tanto como para convencer a alguien de dar su vida a cambio de matar a algunos de los nuestros. No nos examinamos nuestra parte de culpa, hasta que no lo hagamos no avanzaremos.

P. S.: Algunos links de ONG's a continuación...
Amnistia Internacional
Ayuda En Acción
Acción Contra El Hambre
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